lunes, 14 de febrero de 2011

Helena

Y allí estaba ella, la mujer más bella de toda Grecia de la que todos los hombres se enamoraban perdidamente, de pie frente al abismo. Aquella noche de luna llena decidió saltar por un precipicio frente al mar. No soportaba ser considerada un trofeo preciado por los espartanos, un objeto de lujo, una nada. Decidida intentó su locura. Miró por última vez a la luna, y, en ese instante, una mano salvadora la cogió por la cintura. Paris fue su salvación. Ya nada los podía separar, su destino estaba escrito mucho antes de ese encuentro. La guerra estaba servida.