miércoles, 9 de octubre de 2013

El entierro de la sardina





He asistido a un entierro esta tarde, y todo el mundo lloraba tu pérdida. He de decir que tuve que presentar mis condolencias a la familia y explicarles por encima cómo nos conocimos. Las lágrimas caían a borbotones por mis mejillas e iba llenando pañuelos de papel de mares enteros salados. No me vestí de negro porque tu no me habrías dejado, lo encuentro lógico, el negro me desvestía el alma. Siempre preferías colores neutros, así casaban mejor con mi personalidad. Pero aquél día que te esperé sentada en la estación, me vestí de negro, como anunciando tu propia muerte y también la mía. A partir de entonces, toda la ropa que guardaba en mis armarios de ese color nefasto, la mandé a hacer puñetas. Jamás me volví a vestir de negro, en señal de duelo por ti.
En el velatorio las caras tristes se desenvolvían con total naturalidad. Yo no aguanté ni media hora allí, demasiado para mí, nadie me conocía y el calor me estaba agobiando, estaba a punto de sufrir un ataque de ansiedad. Salí corriendo a la calle a por un poquito de aire fresco, y en mi delirio creí verte bajo la sombra de un árbol sonriéndome. Creí morir por un instante y casi me desmayo. Pero me sentí reconfortada por unos brazos enormes que sostuvieron mi caída. Cuándo revisé aquel rostro hallé tu misma sonrisa, y esos ojos grandes que se perdían en el infinito. Me encontré con tu hermano, un chico algo triste por tu pérdida, que mostraba entereza porqué si él se derrumbaba, la familia caería como fichas de dominó. Cuando me repuse y recuperé el aliento, no me presenté como tu novia, pues hacía poquitos meses que salíamos juntos y lo manteníamos en secreto por tu reciente separación. Tu hermano me ofreció un café para que me subiera la tensión y lo acepté algo reticente pues quería huir de toda esa parafernalia y caminar un poco por las calles atestadas de la ciudad. Me lo tomé y apenas crucé cuatro o cinco palabras con tu hermano y me fui porque necesitaba mi soledad, sentirme sola, tomar conciencia de mis pensamientos, aprender a estar sola de nuevo, sin ti.